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Lengua de trapo

Roma: ¡El compromiso del año!

14/02/2014 21:56 hs
Cerramos los ojos, se apaga la luz y se enciende esta historia. Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia.
Por Rodrigo Lussich
@rodrigolussich

La empalagosa tarde de San Valentín los encontró a todos en un hotel con nombre de telo, porque aunque estés en Roma, la cosa da para joda de entrada. Se empezó a amontonar la gente en la suite presidencial y por suerte Francisco brilló por su ausencia, ante el acontecimiento anti católico que allí iba a suceder. El Papa, en medio de ese barullo, no se salvaba ni con sotana.

El cronista viajó a Italia a cubrir el evento. Le costó averiguar dónde se hacía la partuza. Con la ex embarazada en Buenos Aires, el foco de atención se corrió a último momento, por lo que el notero andaba con un pack de Eva Test bajo el brazo no sea cosa de perderse otra primicia. Finalmente llegó al hotel hasta que accedió al lugar de los hechos.

Aquello ya estaba en pleno apogeo. Corría el champagne a raudales: había sobrado una partida de las fiestas con la Griega en el Tigre así que mandaron los baldes en avión. Sonaban unas tarantelas con un sonido amplificado muy moderno -al menos eso dijo Marina Calabró en "Infama"; algo de un sistema stereo con nombre difícil-; y por supuesto estaban todos vestidos de fiesta.

La familia de la novia con mucho color y despliegue copaba las inmediaciones. Unos vestidos de la segunda parte de "Esperando la carroza" fueron enviados vía diplomática y los cosieron a último momento; algún matambre pudo confundirse entre los comensales pero finalmente se distinguió gente de comida. Burbujas frappé y unas canzonettas de fondo; exjugadores del club italiano y unas guirnaldas muy vistosas pintaban el cuadro perfecto del amor.

Un pasacalle reciclado de los que dejaron los fans de Vicuña y Chávez en la puerta de Pol-ka atravesaba el salón con un singular cartel: "Ojeda, la tenés adentro"; pero no faltó el irrespetuoso que lanzó la frase "Ya la tuvo", y nadie agregó nada. La rubia protagonista de la fiesta andaba a los gritos por toda la estancia sin ton ni son: "Yo tengo el anillo; yo tengo el anillo", y la dejaban que grite.

El novio estaba apoltronado en un sillón viendo unos partidos en una tele grandota, pero tuvo la mala idea de poner los canales argentinos y empezó a putear por las noticias. "Háganle juicio; háganle juicio". Para el brindis alguien tuvo una peor: la de mencionarle la llegada del vástago. "No es mío, yo no lo hice, es de otro", gritaba desatado y todos bailaban tarantela y se reían, no sea cosa que se enoje el patrón del mal.

De repente llegaron unas botineras que fueron agenciadas en Esperanto a último momento ante la negativa de la Griega, quien no pudo estar presente por compromisos ineludibles. De todos modos, se hizo un minuto de silencio por su ausencia. La bebida se servía a discreción y los "floreritos" recorrían las instalaciones tratando de hablar en italiano, cuando aún hablan el castellano con cierta dificultad. "Tanta grazie" repetían y nadie entendía porqué. Cuando haya que ponerse en bolas, les avisaron, ustedes van a entender. Vayan sobre seguro.

El novio se puso insistente con eso de que no era de él. "Es su frase de cabecera, nunca son de él pero ya tiene catorce", dijo alguien en voz baja pero por suerte no escuchó. Para entonces ya estaban todos en pedo y uno lo interrumpió al grito de "Más champagne". Alguien hizo la seña correcta y se apagó la luz. Ahí empezaba lo bueno.

El cronista no atisbó a buscar la puerta que ya estaba en bolas. No supo quién le sacó la ropa. En realidad nadie lo supo del todo. Pero no quedó uno en pie. No alcanzaron los baldes de agua para desabotonar a toda esa gente. Según estimaciones extra oficiales, el novio embarazó a seis o siete mujeres en tiempo récord y aún están contando las ecografías. Hasta los conserjes del hotel se sumaron de repente. Las chicas fletadas de Buenos Aires se reían enloquecidas y todos correteaban desnudos en una especie de Tren de la Alegría porno muy enriquecedor. No se sabe cómo pero hasta Cristian Castro dicen que apareció de repente en tanga al grito de "Hilo dental para todos". Los invitados cantaban "Azul, porque este amor es azul como el mar azul..." y al cierre de esta edición un grupo de inadaptados en pelotas fue visto en la Fontana di Trevi

Ampliaremos.
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