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The Old Woman

Dejen de robar

03/09/2014 21:02 hs
Análisis y crítica de la obra de teatro por parte del codirector de RatingCero.com, Rodrigo Lussich. Todos los detalles en esta nota.

Lo primero que vale aclarar en esta nota es que nadie se animará a poner aquí en duda la calidad artística de dos enormes monstruos de la escena mundial como Mikhail Baryshnikov y Willem Dafoe. El primero, seguramente el mejor bailarín clásico contemporáneo y el segundo, un gran actor de cine y teatro.


Ahora bien. Hecha la salvedad inobjetable, conviene detenernos en el espectáculo que los trajo por estos días a Buenos Aires, "The Old Woman", dirigido por Robert Wilson, alguien no tan conocido por nosotros pero con las mejores referencias y el aplauso de la crítica mundial, y obviamente del público. Más de quince mil espectadores en diez funciones avalaron semejante convocatoria.


Quien firma estas líneas pagó sus dos entradas en función regular como uno más. No se podrá achacar aquí ninguna ingratitud con la organización. Faltaba más ir de arriba y después quejarse. 


En lo posible, trato de comprar mis entradas como cualquier hijo de vecino para poder, justamente, opinar con subjetividad. Esto hará que muchos digan que no tengo idea lo que es el arte y otros, tal vez los menos, coincidan conmigo. No pretendo dar cátedra ninguna puesta que no me considero apto para ello. Fui como un espectador ávido de descubrir nuevas plataformas y ver a estos dos genios en escena. Veo teatro desde chico, también cine, soy una persona curiosa y nada me gusta  más que pagar una entrada por ver talentos arriba de un escenario.


Sin embargo, sentí una gran decepción, sin dudas personal, netamente como espectador, que no representa ni pretende representar a la mayoría de los que estaban allí. A lo largo de una hora y media, casi, esperé que el espectáculo que fui a ver mueva la sangre de mis venas, o emocionándome, haciéndome reír o llorar, en fin... buscando que me movilice pero aquello no sucedió.


La puesta, sobre todo magníficamente iluminada, puso delante de mí a los protagonistas, únicos actores en escena, con la cara pintada de blanco, cuales mimos, bufones y contadores de un cuento que nunca entendí. Quizás mi cabeza quemada por el mundo del chimento no me lo permitió. Quizás tampoco era la idea de quienes firman la autoría del show.  Nunca supe cuál era Baryshnikov ni cuál era Dafoe. Si debajo de sus máscaras estaban Guillermo Francella y Gabriel Goity o dos extras del Sutep, nunca me hubiese enterado. Pero no. Eran Dafoe y Baryshnikov, vaya atrevimiento el mío de poner otros nombres en su lugar. Claro que si hubiesen sido dos actores locales tal vez la nariz parada de la prensa especializada no hubiese sido tan benévola o no.


Ver a esos dos grandes costaba 1400 pesos la platea. Dos entradas casi tres lucas. Por eso estaban súper poblados los pullman, más accesibles, de 700 para abajo. Por 350 los veías desde dos cuadras de distancia. El Cirque de Soleil vino a Buenos Aires hace un mes y tenía más de cien personas en escena en un show deslumbrante que aplaude el mundo con valores semejantes. Salí de allí extasiado en esa oportunidad, y los aplausos a rabiar aún retumban en mis oídos.


Por 1400 pesos vamos al teatro cinco o seis personas a ver una obra nacional, comercial, con actores famosos y talentos que bien podrían recorrer el mundo. Más de uno diría que es algo menor, y que vale pagar por los grandes de "The Old Woman" y está bien. Yo también los pagué, amigos míos.


Mientras veía a Baryshnikov y Dafoe saltando de un lado al otro sin solución de continuidad, pegando gritos guturales y repitiendo mil veces los mismos parlamentos que tenía que leer en una pantalla subtitulados, pensaba en los cientos de espectáculos de la calle corrientes, el off, las salas del circuito oficial y hasta en quienes pasan la gorra para bancar los gastos en una varieté; todos ámbitos que he transitado y que conozco. Pensaba en las obras que se levantan por falta de público o una crítica adversa. Y con orgullo pude volver a valorar a nuestros actores, puestistas, escenógrafos, iluminadores, peinadores y maquilladoras, vestuaristas, y en cada uno de los engranajes de nuestro teatro.


Cada uno puede pagar lo que quiera por lo que quiera ver, y preferir a Luis Miguel, Chayanne, Arjona, o ir a ver a Patricia Sosa al ND ateneo o todo eso junto.


También te podes llevar chascos, con Dafoe o con Pepe Soriano, pero seguramente seremos más severos con un actor nacional que con una visita ilustre. Sin embargo bodrios hay en todo el mundo, algunos los importan a precio dólar blue y encima hay que aplaudir o uno es un ignorante. Disculpas pero sentí que me robaban la plata. Buenas noches.


Rodrigo Lussich

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