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Análisis

Maradona las prefiere rubias y combativas

28/02/2013 10:33 hs
El astro tiene flamante novia al tiempo que acaba de ser nuevamente padre, pero el común denominador son el tipo de mujeres que elige.

Rocío tiene 22 años, todavía no ha formalizado su relación con Diego Maradona pero ya es tapa de revistas y anda dando notas lo más campante, da batalla y anuncia su amor a los cuatro vientos. Es rubia, de origen humilde y parece que si la buscan pueden encontrarla fácil.

 

Verónica acaba de ser madre, y tras meses de silencio y letargo, abrió la boca y ahora es como una radio que no para de emitir sonidos. Dice a quien quiera escucharla que pasó su embarazo en soledad, que quiere que a su hijo no le falte nada y que está sorprendida con el nuevo romance de su ex. Ella también es rubia.

 

(Pausa: no caigamos en la obviedad de decir que no son rubias originales o valorar aquí la calidad de la tintura que usan; son rubias como cualquier mujer que quiere serlo).

 

Claudia Villafañe, la jefa del clan original, la que maneja hilos y dinero, la que en silencio ha bancado pero también ha combatido sin cuartel, no está dispuesta a entregar nada a los resultados de la vida alocada de un Maradona que no conoce la palabra "preservativo". Los hijos nuevos no son pura sangre original, asique que sus madres vayan a Tribunales, y Dios dirá.

 

Maradona tropieza mil veces con la misma piedra, empecinado en repetir errores y seguir siendo el centro de atención, ya no por sus logros deportivos sino por sus hazañas de eficacia comprobada en el ritual de hacer hijos a velocidad crucero.

 

Pero su común denominador son las mujeres que ha elegido y elige. Rubias, combativas, cercanas en el origen humilde de su propia vida, y muy batalladoras a la hora de pelear por lo suyo. Él, como gran proveedor y eje del conflicto, y alrededor mujeres en pugna: parejas, ex parejas y sus hijas que siempre son el motor que desata el escándalo.

 

Como gran tema del momento, Claudia, Verónica y Rocío ahora resulta que hablan, aparecen, dan exclusivas y se despachan mediáticamente a gusto para defender sus nidos. Aparte de ser parecidas físicamente en algún punto, tienen el máximo fin que Diego persigue y consigue de ellas: que hablen de él.