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Crítica: Vecinos en guerra

16/04/2013 08:07 hs
Arrancó la nueva ficción de Sebastián Ortega que vuelve a poner el énfasis en los enredos que genera un pasado oculto y la vuelta de un viejo amor. Buenas actuaciones y una estética quizás menos popular, pero en la tele nunca se sabe.
Rodrigo Lussich
Por Rodrigo Lussich
Codirector
Por Rodrigo Lussich
@rodrigolussich


Buen debut para "Vecinos en guerra" anoche, con picos de 24 puntos en una jornada en la que los programas en vivo tuvieron altos picos -muy por encima de sus números habituales- de rating debido al escándalo de las denuncias contra Leonardo Fariña y Fabián Rossi.

Pero a la noche se impuso esta nueva comedia de Sebastián Ortega que tiene su sello desde el primer capítulo: nuevamente la obsesión del productor son las identidades cambiadas, gente que se cambia el nombre o reemplaza a otro, oculta su pasado y finge ser quien no es.

La estética de "Vecinos en guerra" aparece bien diferente a su antecesora, la exitosísima "Graduados": aquí todo sucede en un barrio cerrado de clase alta; alejándose del tono más costumbrista que generó una inmediata identificación con los personajes y la historia de la tira con Duplaá y Hendler el año pasado.

La "impronta" de este programa lleva directamente a la también exitosa "Los fabulosos Pells" y a la serie americana "Amas de casa desesperadas".

Dos parejas cruzadas forman el cuadrado que traerá mentiras, engaños, confusiones, enredos y amor: Eleonora Wexler está casada con Diego Torres pero ama a Mike Amigorena, un amor del pasado (igual que en "Graduados", donde Dupláa vivía con Luciano Cáceres pero amaba a Hendler); el personaje de Torres se cruza a Marcela Klosterbooer y ocurre el flechazo, y Amigorena a su vez tiene una familia inventada, una identidad trucha (como Pells, hasta el look es idéntico) y una "familia" de actores que en realidad son espías.

El elenco secundario promete las composiciones más atractivas para personajes que enganchen al público: Jorgelina Aruzzi, Carola Reyna, Mirta Busnelli, Hugo Arana, Carlos Portaluppi, aparecieron poco pero ya dejaron la huella de su talento de entrada.

Juan Pablo Geretto (en un personaje pensado inicialmente para Gasalla, que hizo otro, breve) será otra revelación en su travesti, versión moderna y "fina" de la "Laisa" de "Los Roldán", de Flor de la V.

En ese entorno de casas caras y una calle de decorado que será donde todos se crucen junto a una cantidad de enredos probables, sucede esta historia que a priori parece "menos popular" que "Graduados", lo que no le quita posibilidades de éxito si la trama engancha y con ese elenco.

En tiempos en que la televisión manda todo digerido y licuado yendo al punto sin detenerse en complicaciones, aquí hay que estar muy atento para terminar de comprender esta historia un poco confusa entre secretos, espías, pasado oculto y nombres falsos.

Sin embargo lo mejor del primer capítulo fue la expectativa del segundo: al terminar todos nos quedamos a ver la promoción del de esta noche, que promete, y dieron ganas de seguir viendo qué pasa con esas parejas cruzadas y el engaño latente.

El carisma de Eleonora Wexler en un merecidísimo protagónico la pone como la heroína perfecta; Diego Torres vuelve a actuar y se le nota el tiempo perdido; Antonópulos vuelve a ese personaje frío-distante (igual que en El elegido) y se anticipa como villana ideal; Amigorena tan peinado, tan perfecto, tan lustrado, tan Pells; Klosterbooer más mujer fatal que la nena ingenua del pasado. Ahí están los protagonistas de la historia con personajes que crecerán e irán encontrando matices con el correr de los capítulos.

Un debut genera alta expectativa y la gente deja de mirar lo que seguía para ver de qué se trata. Veremos si la vacuna "prendió" anoche y si a la gente le pasó ésto de querer ver cómo sigue. El arranque lo amerita.
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