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No disparen, soy panelista

27/05/2013 07:14 hs
Somos parte de un nuevo género del que éramos parte cuando no lo era. Todos hablan de paneles, y si no hay laburo, siempre hay uno para sentarse.
Por Rodrigo Lussich
@rodrigolussich

Por Adrián Pallares
@adrianpalla


La proliferación de programas con paneles no es una novedad, y menos aún escribir sobre ello. Se ha dicho suficiente, pero nosotros pondremos una vez más bajo la lupa el trabajo que nos ocupa, el cual hacemos desde bastante tiempo antes que "estuviera de moda", lo que nos tranquiliza un poco puesto que no tememos ser confundidos con Rocío Marengo.

Dicen que nuestro "género" -una porción nos pertenece aunque nunca veremos el pedazo de torta que nos corresponde cuando se ponga de moda el regreso de La Pantera Rosa- es barato. Amén.

Comparado con ficciones que valen millones por semana, poner un mostrador iluminado, un par de banquetas y una pantalla de led de fondo te arma un programa. Aparte ahora se puso de moda, como si fuera poco, el término "panelista invitado" que es una especie de atracción que en general va gratis o sin contrato y aporta una mirada, porque el panelismo es insaciable.

Los productores han concluído que si son muchos, es mejor. Cuatro panelistas es poco. Se agotan en el debate y hacen bache, dicen. Entonces llaman a Horacio Embón. La mezcla incluye a la modelo linda que parece boba pero cada tanto tira una frase que te deja pensando -en matarla-, algún ex conductor venido a menos y chimenteros que vuelven con ansias de venganza.

Las ficciones caras no rinden como antes, reparten el público y no hay tanques de 30, y llegan apenas a 20 haciendo más fuerza que nunca. A su vez, los canales necesitan soldados que defenestren a la competencia y defiendan al propio. Y ¿quénes estamos ahí para decir lo que ellos quieren escuchar?: Los panelistas.

Para completar el combo, ahí está el público. Aunque los televidentes se quejan de agudas voces de cacatúas que hablan a los gritos pisándose entre todos, aunque suene a gallinero desplumado, la discusión y el debate llama la atención y gusta más que el género periodístico clásico con un conductor y un invitado junto a un potus y un plasma.

"Panelear" es el nuevo verbo de la televisión. Somos panelistas, queremos panelear reemplaza al "Aguante la ficción, carajo" de la querida Mariquita Valenzuela. Pachano es panelista (a falta de ser jurado, que es casi lo mismo pero ahí va con galera). Una actriz retirada que supo ser ícono en los 80 le dijo la semana pasada a un productor de programa de la tarde "Llamenmé de panelista. ¿Sabés cómo te rindo, yo?". Ayyyy !!!

Alguien hizo creer que ser panelista es "una beca". Vas, te sentás, opinás y te vas. Luego cobrás. Preguntar no es un chino; ¿a quién no se le ocurre una pregunta?. El trabajo no te exige gran creatividad. Si llegás informado mejor, sino alguien te lo cuenta, y sino ves el informe y algo se te va a ocurrir. Una pelea garpa siempre. Peleate con alguien y te levantan de otros programas, seguro después te llaman de otro. Bingo.

Hasta el rubro será parte de los Martín Fierro y hará que todos estén en llamas. Porque van a incluir a los de noticieros y deportivos, que son como mil, más los de programas de debete y/o espectáculos, lo cual dejará afuera a cantidad de ofendidos que pincharán muñecos vudú para que pierda el enemigo. Porque el panelista ante todo es muy malvado. Como el resto de la farándula, pero se le nota más.
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