Arma Mortal en Córdoba

*Por Alejandro Romero.

Mi amigo Juan es Traumatólogo y estaba feliz en los preparativos de navidad. Sus hijos y su esposa tratan de disimular lo que en estas fechas se transformo en una constante y aguardan el milagro de poder pasarla todos juntos. Lamentablemente no fue así. La llamada no deseada no se deja esperar y mi amigo es solicitado en la sala de urgencias del hospital público. El panorama es dantesco, y el 90% de los accidentes son de motociclistas. Desde operaciones de fracturas expuestas hasta reconstrucciones de distintas partes del cuerpo, tuvieron a Juan hasta casi las cinco de la mañana sin respiro ni contemplación alguna. En una de las salas, se encuentra con un paciente que iba a reconstruir por tercera vez. La primera fue rodilla, tibia y peroné con colocación de clavos. Con el cobro del seguro, los padres del accidentado le compran una moto más grande. A los dos meses tiene otro accidente pero esta vez en el rostro, prácticamente desfigurado y con una operación de más de seis horas. Y lo increíble pasa otra vez, cuando cobran el segundo seguro se compra su tercera moto y como no podía ser de otra forma, ahora lo tiene ahí, en la sala de urgencias, lleno de clavos y quebraduras por doquier. Lo verdaderamente increíble es que los sucesos se dieron en el transcurso de un año y como es hospital público los gastos los pagamos nosotros porque ellos ni un centavo.


 


Detrás de todo esto, se esconden varias incógnitas.


 


¿Cuánto dinero ahorraría el estado si hicieran cumplir las leyes? Dos comparaciones que pueden resultar odiosas, son que en tierra del fuego a un motociclista sin casco, le retienen la moto y la envían al corralón Municipal. Trabaja en conjunto la policía y los inspectores de tránsito ya que es la única manera de que no sean agredidos estos últimos. En Córdoba no existe buena relación entre el gobierno y la municipalidad lo que hace difícil que puedan trabajar en conjunto. Aquí nos encontramos con una disyuntiva, ¿Quién no cumple la ley? ¿El que sale sin casco? ¿O el que lleva uno o varios niños en las motos? ¿Los que salen borrachos? ¿O los que deben hacer cumplir la ley?


 


El 25 a la tarde volvía desde la falda hacia mi casa y en la ruta me cruce con miles de motos. Todos sin casco, y muchos, en estado de ebriedad. Pasar en doble fila, zigzaguear entre vehículos o ir a menos de un metro del que tienen adelante fue parte del panorama. Cada tanto, el tránsito detenido y como no podía ser de otra manera, un motociclista grave en el suelo esperando la ambulancia.


 


¿Por qué los servicios de seguridad no hacen cumplir las leyes? He visto patrulleros pasar por el lado de motociclistas sin casco y no decirles nada. En cualquier país civilizado, ese patrullero hubiera llevado la moto a un corralón. Es sabido que en países como el nuestro las leyes de tránsito no son respetadas. Pero si el estado hiciera los controles correspondientes, y obligaran a cumplir las leyes, se salvarían más vidas, tendríamos menos accidentes y cientos de Juanes podrían estar más tiempo con sus familias en vez de las salas de urgencias. Me imagino que si a ese motociclista accidentado lo hubieran parado en un control y retirado la moto, yo no estaría compartiendo con ustedes esta nota.


 


¿Cuánto se ahorraría el estado? Una increíble cantidad de dinero que podría ser destinada a incorporar a policías o inspectores de transito especializados exclusivamente en hacer este tipo de trabajo. El primer gobernante que le de al clavo con esto, gozará de la confianza de la gente porque se sentirá más segura. La consigna debería ser “Si un patrullero en las calles ve un motociclista en infracción, se le debe retirar la moto”. No quiero tocar el tema de que entregan motos sin patentar, a gente sin licencia de conducir y que no hay una ley que obligue a las aseguradoras a asegurar una moto, quizás, sea tema para otra nota.


 


Por Alejandro Romero.

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