No les creo NADA: Por qué NO

El Malo y El Peor

No les creo nada a quienes sacan sus tripas frente a una cámara embelezados con su propia imagen en pantalla. No les creo nada a los que empeñan su destino embanderados en su ego.

1 -  En mi profesión todo el tiempo la gente me pregunta si lo que se ve en la tele está "armado". En general quieren saber todo lo que pasa y reconozco que me fastidia como cuando a un cómico le piden que cuente un chiste en una reunión de amigos. Pero les digo que no crean nada de lo que ven en la tele.

2 - Esto juega contra mi propia credibilidad, supongo. Entonces explico que no es que quienes estamos en el medio digamos mentiras, porque no es así. Simplemente creo que delante de cámaras todo se potencia, se magnifica, se titula, se expande, se mediatiza y muchas veces se patetiza. Detrás, sólo hay una palabra: ego. Eso que hace que "hablen de vos".

3 -  Sobre todo a partir de la irrupción de los escándalos en el show de Tinelli, la "verdad" ha pasado a relativizarse. Un día se entendió que había que decir algo fuerte, discutir con el otro, exponer las miserias y echar la honra a los perros porque eso daba trascendencia. Discrepo. Quien no tenga talento saldrá hecho jirones de la tele cuando terminen de exprimir el jugo de su naranja, y ya no habrá nada después.

4 - Casos sobran. Lo que fue "trescendente" ayer,  hoy no le importa a nadie. Ni Fernanda Vives y la Tota Santillán exponiendo su divorcio con irreproducibles declaraciones, ni Pachano y Alfano odiándose, ni Fort amando a Gallardo, ni "fenómenos" temporales como Zulma Lobato, las Rikitas, Guido y Silvia, tanta gente, tantos casos, que ya nadie recuerda porque allí la "verdad" no se impuso jamás.

5 - Verdades que sólo se trituraron al aire porque una cámara los estaba enfocando. Entornos ilusorios que les dijeron "sos famoso", la vida como un reality, que la gente te conozca de la noche a la mañana y que con la misma varita mágica te miren con lástima después. Permanecer y transcurrir no es perdurar ni es existir, dijo la canción.

6 - El caso Perdomo volvió a poner en el tapete la "verdad" de la tele. ¿Era verdad cuando se acusaba a la bailarina de fingir su habla? ¿Fue verdad las disculpas al día siguiente? Con la misma actitud puede decirse una y otra cosa. ¿A quién se le cree? Permítanme decirlo: a nadie. Ahí tienen un claro ejemplo de cómo se trabaja en televisión. El mismo ímpetu para una verdad puede ser reempazado por otra según cambie el viento del rebote popular. ¿Cómo creer?

7 - Lo peor que pueden creer -y muchas veces creen esos que "llegaron"- es que, porque la gente habla de ellos, les importa. Lo que pasa en la tele es un buen tema para charlar en la cena, sacar el cuero en el almuerzo en familia el domingo, discutir en redes sociales y debatir en el laburo o en el bondi. A la hora de apoyar la cabeza en la almohada a la gente le sigue preocupando lo escencial que es invisible a los ojos del ego de la tele: pagar sus cuentas, la salud de sus hijos, tener trabajo, alguien que los ame. Creer que son el ombligo de un mundo que solo se entretiene con ellos es el pecado que hizo estrellar a muchos.

8 - La adicción que provoca estar "ahí" es otro síntoma para que uno no les crea nada. Una primera confesión, un primer sentimiento expuesto los acerca. Repetir la anécdota, continuarla, agravarla, exagerarla, trasnformarla en cadena nacional solo hace que eso que fue creíble pase a ser todo lo contrario.

9 - El público juega una convención muy parecida a lo que sucede en las ficciones: Juega a creerles. El punto de haber conevertido lo mediático en casi un hecho ficcional produce el mismo síntoma que si viéramos una novela donde sabemos que el malo es malo en la historia pero que no asusta por eso a los niños por la calle. La gente juega a que es cierto pero sabe que no. La diferencia con la ficción real es que allí los límites están establecidos. En lo mediático los que protagonizan las historias cometen la idiotez de escupir para arriba y creerse importantes por eso.

10 - Por eso "no les creo nada". Creo que la cámara los encandila de una forma que les impide ver más allá. El árbol no les deja ver el bosque. Y el bosque es allí donde está la profundidad que el cartón pintado de la tele no permite hacer llegar a todos, es allí donde solo pasa quien tiene algo más para mostrar que sus entrañas. Escenario reservado para muchos menos, por suerte.

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