Exclusivo Analía Franchín: "Mis obsesiones las trasladé a mi hijo; necesito una terapia"

La conductora más escuchada en FM habló con RatingCero.com de la particular obsesión con su hijo Benicio, que tuvo junto al empresario Sebastián Eskenazi. "Soy adicta a él", dice, y confiesa sus nuevos TOC.

Analía Franchín conduce el programa de radio en Fm más escuchado de la segunda mañana junto a Santiago del Moro en Pop: "Terapia despareja". La conductora cambió y bajó su perfil mediático a raíz de su relación con el empresario Sebastián Eskenazi y desde que tuvo a Benicio, su hijo de un año y medio.

Analía se transformó en una entrevistada ideal por sus insólitas declaraciones sobre sus obsesiones, transtornos obsesivos compulsivos y diversas "taras" -así las llama ella- que fue adquiriendo en su vida; su amor incondicional por sus perros y sus costumbres de chequear mil veces la llave del gas y cantarle a las hornallas antes de irse de su casa o de irse a dormir, entre otras.

Esos temas que fueron motivos de mil notas hasta que después, tras comenzar su relación con Eskenazi y ser mamá, fueron desapareciendo de la tele junto con ella, para verla solamente en revistas con sus escapadas en familia a Punta del Este, en producciones especiales y notas exclusivas, y casi nada en televisión (estuvo en Bendita hasta principios del 2010). En radio lidera junto a Del Moro un éxito rotundo.

"Ser mamá de Benicio me cambió para siempre -cuenta Analía Franchín a RatingCero.com en exclusiva-; estamos enamorados de una manera impresionante. Soy una adicta a él, cada minuto de mi vida está destinado a este muchacho, termino la radio y vengo volando a mi casa; hago todo en mi casa, las uñas, gimnasia, es obsesión total", empieza a contar, y ya dará ejemplos.

Franchín cuenta que sus viejas obsesiones -algunas las conserva- fueron reemplazadas por su hijo: "Se que tengo que resolverlo, hacer algo, una terapia o algo porque es demasiado. Muchas noches me paso a su cuarto, reviso varias veces el colchón, las sábanas, por miedo a que le entre algún bicho. Le compré un colchón igual para la casa de fin de semana, quince chupetes idénticos, todo lo perfumo con la misma idéntica fragancia para que no sienta la diferencia", adelanta para irse envalentonando.

"Lo baño con el mismo jabón vaya donde vaya, el mismo shampoo, la misma esponja; su neceser es más grande que mi cartera. Lo baño exactamente a la misma hora esté donde esté. No hago concesiones y llegué a bañarlo en el aeropuerto de Miami, nos duchamos ahí, si tiene que ser en una bacha lo hago, pero eso no cambia. Primero come y después se baña; no me gusta que se vaya a dormir con olor a comida", dice Analía sobre las obsesiones con su hijo, del que dice "me enseña muchísimo todos los días".

La conductora de Pop ha amado siempre a los perros al punto de dormir con ellos y taparlos con sus sábanas, pero ahora "hacen vida de perros, eso cambió". A su hijo Benicio lo lleva casi siempre a upa, casi no usa el cochecito. "Tengo un enamoramiento feroz con él", admite.

Sin embargo confiesa que no buscará otro hijo: "Voy a cumplir 40 años y Sebastián -su pareja- tiene tres hijos más; además no podría soportar tener que repartir el amor".

"El pediatra no me soporta, soy lo peor que le pasó en la vida. Llegué a irme hasta el Tortugas Golf a que le vea los mocos al nene, llorando desesperada porque ese día no atendía. Me dijo que va a tener mocos hasta los siete u ocho años; fue un horror", cuenta riéndose pero muy convencida de su manera de ser mamá, para lo cual no existen manuales.

"Todo lo que antes me deprimía, lo hago por él. He llegado a ir a una plaza de juegos en un shopping, me subo a la calesita, voy a la plaza, cosas que jamás imaginé", cierra Franchín entusiasmada al contar la vida con su hijo, aunque reconoce que necesita terapia para tratar de largar "al menos una hora por día" tanta vida simbiótica con su bebé. 

Analía se sorprende de sí misma y de haber pasado de una vida más movida a pintar con su hijo y ver "Bananas en pijamas". Alguna de sus obsesiones compulsivas del pasado desaparecieron al estar pendiente de varios "baby calls" para escuchar el llanto del bebé donde quiera que vaya, pero no todas:

"Sigo revisando la llave del gas y cantándole a la llave; y tengo la maldita costumbre de tocarme el taco de los zapatos tres o cuatro veces por cuadra cuando camino, pero el resto está mejor".

Nos quedamos más tranquilos. 

Dejá tu comentario