Nacer en invierno puede triplicar el riesgo de sufrir después asma

02 de marzo de 2009

De acuerdo con los resultados de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos) y publicado en la edición digital de la revista Thorax, los recién nacidos cuyos primeros meses de vida coinciden con periodos de elevada polinización y humedad ambiental presentan un riesgo mayor de desarrollar síntomas prematuros de asma.

Concretamente, los investigadores hallaron que los niños nacidos en momentos del año con elevada humedad, generalmente los meses de otoño e invierno, tienen tres veces más posibilidades de desarrollar dificultades en la respiración, síntoma que a menudo corresponde con un primer signo de asma a los dos años, en comparación con los nacidos en otros momentos del año.

Los resultados pueden ayudar a explicar por qué los niños nacidos en otoño e invierno aparentemente tienen más riesgo de desarrollar asma que los nacidos en verano. Numerosos factores han sido relacionados con el riesgo de asma, incluida la herencia y la exposición al aire contaminado, el pelo de animales y el humo del tabaco.

En palabras de la Dra. Kim Harley, del Center for Children's Environmental Health Research de la Universidad de California en Berkeley y directora de la investigación, "en nuestro estudio tomamos diferentes factores para entender la relación entre el mes de nacimiento y el asma, considerando las concentraciones ambientales de mohos y polen, que siguen patrones estacionales. Se trata del primer trabajo sobre el papel potencial de la exposición en recién nacidos a este tipo de componentes ambientales para desarrollar asma".

Los investigadores examinaron a 514 recién nacidos en el californiano Valle de Salinas durante los años 1999 y 2000. Se trata de una región con inviernos suaves y lluviosos y veranos secos. Identificaron 27 grupos de esporas y 48 de polen en el estudio, registrando un promedio diario de concentraciones para los grupos que aparecían presentes en más de un 3% del total durante los primeros tres meses de vida de cada niño estudiado.

El pico estacional de polen y de esporas no ocurría siempre en los mismos meses. Así, los de moho ambiental se daban en noviembre y diciembre, y los de pólenes al principio de la primavera, entre marzo y abril. Tras ajustar factores como la historia familiar de asma, contaminación, fumador pasivo y presencia de insectos o mohos en el hogar, los investigadores determinaron que los niños nacidos en otoño e invierno triplicaban la posibilidad de sufrir dificultades respiratorias, a menudo un precursor del asma, a edades tan tempranas como tan sólo dos años.