Música parrillera: 10 discos para escuchar mientras hacés asado

19 de noviembre de 2010

Una buena tira, algo para tomar y la música que suena en un día soleado. Entrá y fijate cuál te gusta.

Nada mejor que escuchar un buen tema mientras preparás un asado, sólo, con amigos o con tu pareja. Planeta JOY elaboró una lista con los diez mejores para poner mientras no sacás la vista de la tira.


 


1. Para un asado de noche, en el campo: “Harvest”, de Neil Young.
Escuchar estas profundas pero simples canciones de Neil Young es como calentarse las manos frente a las brasas en una noche fresca. Entonces, hacer las dos cosas al mismo tiempo puede resultar el colmo de lo reconfortante. Como el músico canadiense, la situación tiene que ser despojada y más bien solitaria: en el medio del monte, una parrilla medio improvisada junto a la camioneta con “Harvest” (1972) sonando en el estéreo; una tira de asado sin sutilezas y una caja con seis botellas de tinto. “Heart Of Gold”, “Alabama” y “The Needle And The Damage Done” son las canciones que, de ahí en más, siempre nos van a recordar esa noche bajo estrellas.

2. Asado con ex compañeros de la secundaria: “Yesterday And Today”, de The Beatles.
El asado como contexto para la reunión de egresados de colegio de, digamos, alguna clase anterior a 1970. En la previa, junto al fuego, los participantes se ponen al día con sus historias personales. La banda de sonido naturalmente debe servir al clima nostálgico. Pero sin pasarse de obvia. Y ahí es cuando un compilado de los Beatles como “Yesterday And Today” (1966) es ideal: alterna esas que sabemos todos (“Day Tripper”, “Drive My Car”, “Yesterday”) con otras que no tanto (“Act Naturally”, “And Your Bird Can Sing”). Una elección de entendidos que, a la vez, no deja afuera ni al más sordo. Y con una trivia parrillera para lucirse en la sobremesa: la tapa original de este disco era una foto de los cuatro de Liverpool con delantales blancos, cortes de vaca y muñecas decapitadas, conocida por los coleccionistas como “La tapa de los carniceros”. Tal fue la controversia generada que rápidamente se la retiró del mercado y se la reemplazó por otra imagen más inocente y bastante menos… ¿cruda?

3. Asado con leña de quebracho: “40 años”, de Los Carabajal.
Asado, carne de chancho, chorizo casero, quesillo y tortilla. No queda otra, la parrillada más criolla necesita unas buenas chacareras. Y acá, el melómano anglo y eurocentrista se encuentra en un brete: ¿cómo evitar tanto el neofolklore edulcorado, hoy en auge, como algunas de sus versiones más interesantes, pero un poco antifestivas? La respuesta es “40 años”, el CD grabado en el teatro Opera con el que el clan santiagueño de los Carabajal celebró cuatro décadas de sentida música. Ni tonto ni experimental, folklore argentino auténtico, bien tocado, enérgico y con sustancia.

4. Asado de domingo al mediodía, en el conurbano: “Cualquiera puede cantar”, de Los Auténticos Decadentes.
Quince comensales en una larga mesa bajo el sol consumirán hasta decir basta o caer desmayados en la apacible siesta del Gran Buenos Aires. El catering parrillero, de generosas proporciones, fue provisto por un tío que tiene un cuñado con un socio que trabaja en un frigorífico por Mataderos y que le reserva unas piezas inaccesibles para el resto de los cristianos. La ensalada mixta la prepararon las chicas y el almendrado lo trajo la tía. En el grabador pasa media docena de veces, de punta a punta, “Cualquiera puede cantar” (1997), el disco que dejó en claro que Los Auténticos Decadentes eran cosa seria, aunque no pararan de reírse. Canciones no tan populares como “Luna radiante” y “Una gota de rocío” graficaban el fino trabajo que la banda (particularmente del compositor Jorge Serrano) hacía a partir del universo grasa. Y lograron expresar en términos artísticos el a veces despreciado “ser argento”. Ahí están “Los piratas” y “El gran señor”. Pero, atención con los discos de esta banda: detrás de los hitazos, siempre esconden varias perlas poco conocidas y muy indicadas para un asado familiero, festivo, sin pretensiones y con esa argentinidad que a veces quisiéramos esconder detrás de un cacho de Corlok. ¡Un aplauso para el compositor!


 


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