Luli Salazar será mamá: cómo eligió a los donantes y por qué no va a estar en el parto

12 de julio de 2017

Luciana Salazar será mamá mediante la técnica de vientre subrogado y en una entrevista íntima contó cómo fue el doloroso proceso, los inconvenientes que hubo y cómo eligió a los donantes.

A sus 36 años y mediante la técnica de vientre subrogado, Luciana Salazar será mamá. Fue el pasado 29 de marzo cuando el embrión fue transferido con éxito al útero de la madre subrogada, pero recién este lunes la modelo lo confirmó públicamente con un video en Instagram.

"El alivio de poder gritarle al mundo: '¡Voy a ser mamá!'. Matilda es un regalo de Dios: él sabe bien cuánto la merecía", expresó en una entrevista íntima con revista Gente, en la que, según la publicación, se mostró muy emocionada y rompió en llanto varias veces.

El proceso comenzó a fines del 2016: "Debés someterte a muchos exámenes físicos y psicológicos, llenar millones de formularios, en los que te preguntan hasta: "¿Si el bebé nace enfermo aún lo querrías?". Es durísimo".

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Al ser consultada sobre cómo eligió al donante, contó: "Y... Una elige pensando si el hombre en cuestión es alguien con quien podría estar. Mi donante es un estudiante de 26 años, que juega al fútbol americano -por lo que vi-, y con una familia que me hizo acordar mucho a la mía. Eso me gustó. Todos tienen ojos rasgados, como yo: ¡mi hija será muy chinita! Pero lo que más me sedujo fue su sonrisa: enseguida la proyecté en la carita de Matilda".

En cuanto a la madre subrogada contó que fue sugerida por la clínica y debía cumplir ciertas condiciones, como la de haber sido madre previamente o vivir en el mismo Estado (Miami): "Su manutención queda a mi cargo, a través de un fideicomiso  A fines de 2016 conocí a Lía, una enfermera de Ohio, radicada a 400 kilómetros de Miami. La primera cita fue por Skype, y la decisiva: ambas teníamos que elegirnos. La empatía fue inmediata. Pero surgió un inconveniente...".

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Y relató el duro proceso de gestación: "A Lía le detectaron pólipos", amplió: "El médico me dijo: Debemos intervenirla y evaluar. Pero, con una mano en el corazón, creo que ella es la indicada'". Pudieron operarla recién en enero. Con todo en orden, la transferencia del embrión se hizo en marzo. Al mes y medio de gestación, me avisan que Lía estaba con pérdidas. Creí que me moría. Empecé a vomitar, me descompuse. Gracias a Dios, sólo fue un susto. Hoy, mi hija tiene casi 18 semanas (siempre se cuentan tres antes del proceso). Según la obstetra de Lía, podría nacer el 7 de diciembre.


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El parto

"Hace días, Lía me dijo que podía elegir a dos personas para que la acompañasen en la sala. Entonces me preguntó: "¿Podrían ser mi marido y mi hija?". Le dije que sí (se quiebra), porque me tocó el alma. Esa nenita, que sabe que su mamá está haciendo algo tan lindo. A mi beba la llama "hermanita", les habla a sus amigos de ella y hasta le escribe cartitas... ¿Cómo podría quitarles ese momento? [...] Mi hija ya tiene una hermana del corazón para siempre. El día que nos conocimos, salimos a pasear y le regalé dos Barbies. Le dije: 'Estas son vos y Matilda'".

Luego del nacimiento, la Luli se instalará durante un mes y medio en Miami y su familia viajará con ella para recibir a la beba.



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"Desde la noticia, no volví a dormir bien. Me inquieta saber que seré yo sola para asegurar que Matilda tenga lo que necesite. Cambié de representante (hoy es Javier Furgang)... Después de tanto tiempo relegando mi carrera, necesito volver a trabajar. Tengo un proyecto de cine entre manos y programo la mudanza, porque mi casa tiene tres ambientes, uno convertido en vestidor. Quiero alquilar en algún barrio cerrado, para estar más contenidas. Además, pienso en cómo le explicaré todo esto el día de mañana, aunque mi psicóloga me dice que los chicos están más preparados que nosotros para entender... Pero de algo no tengo dudas: cuando mi hija conozca esta historia de amor, mi lucha y el dolor que atravesé, sabrá que fue la más deseada".

Sobre su futuro como madre, indicó: "La que deberá controlar obsesiones, como la impecabilidad. Mis hermanas me dicen: "Ojalá te salga rea y desaliñada, así aprendés a relajarte". ¡Matilda ya tiene dos valijas de ropa... y hasta zapatos! Sé que mi agenda será funcional a ella, porque quiero llevarla conmigo a donde sea: en mis brazos o en los de una niñera que me ayude, pero al lado. Y aunque sé que me costará horrores, voy a bancarme su llanto cuando la rete, sin flaquear con los límites. Ahí demostrás qué tan buena madre sos".

 

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