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Florencia de la V denunció a Jorge Lanata con una carta abierta ante el INADI

01 de agosto de 2018

Tras un largo enfrentamiento, la conductora presentó un escrito por discriminación contra su colega e informó que irán a una mediación.

Flor de la V denunció a Jorge Lanata ante el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) luego de meses de cruces y enfrentamientos.

“El hecho que tuviera documento como transexual, no lo... no la volvía mujer. Eso sí, claro, es que no es mujer, es transexual. Lo digo con respeto a los transexuales. Pero me parece que un transexual no es una mujer. Un transexual es un transexual”, fue uno de los últimos dichos del periodista en referencia a la identidad de la actriz.

Dos meses atrás, Flor había respondido con fuertes frases contra el periodista y lo acusó de recibir plata para no hablar en contra del Gobierno. “¿Sabés lo que se nota? Los sobres, ¿entendés? Porque sos así: te pagan y te callás la boca. Eso es peor, ser cagón”, disparó la conductora frente a cámara. Ahora, De la V envió un escrito al INADI apuntando directamente contra los actos discriminatorios de Lanata.

La carta completa de Flor de la V a Lanata

Puñaladas en el corazón, en el estómago, en el alma. Puñaladas y luego, puñados de sal sobre las heridas. Eso y, no mucho menos, me han provocado las expresiones de Lanata.

Aun cuando se quién soy, lo que soy y qué firmeza tienen mis convicciones, no he podido dejar de sentir una especie de vergüenza, la vergüenza de la exposición, la burla y el ensañamiento.

Aun cuando he recibido y recibo incontables expresiones de solidaridad, afecto, amor y de acompañamiento incondicional de parte de todos lo que me quieren, incluso de algunos que no me conocen más allá de mi rol de actriz, no he podido dejar de sentirme desnuda, expuesta, manoseada.

Esa prédica de Lanata, basada en su particular interpretación del sentido común, para bajarme la calidad y la condición de mujer, ha sido en todo este tiempo una verdadera tortura.

Entre la bronca, el dolor y la indignación miles de veces me he preguntado: ¿Qué hice? ¿Por qué a mí? ¿Qué le molesta de mi vida? No encuentro respuesta. Me muero de dolor y no encuentro razones más allá de un deseo morboso de señalarme con el dedo por ser lo que decidí ser.

Una prédica infamante que no se ha detenido ante nada y que hasta ha apelado a la mentira para descalificarme, además, como trabajadora, como ser social económicamente activa.

Decir que “he dejado el tendal” para graficar que ando por la vida incumpliendo compromisos económicos, que soy deudora, morosa, tramposa, cuando puedo exponer a la vista de todos pruebas de mi situación contable en todos los niveles. Puedo mostrar que no debo nada a nadie.

Entonces, cuando me preguntan lo que he sentido hasta ahora, digo que simplemente me he sentido apuñalada porque ese es el nivel del dolor interior que siento.

Pese a todo voy a ir a una mediación con este señor. Lo voy a hacer porque soy una persona de bien pero además porque quizá en ese contexto encuentre las respuestas que busco.

Lanata sabe lo que dice, es consciente de lo que genera con sus dichos. Cuando pretende poner la cuestión genital junto al más elemental sentido común, no hace más que manipular un mensaje. Cuando me dice que no soy madre, vincula el ser madre a una cuestión genital.

Se muestra incluso dispuesto a la inclusión, a “dar trabajo” y a “aceptar” pero al mismo tiempo se niega a reconocer el derecho del otro.

Al igual que muchas personas que no han concebido a sus hijos, se sienten madres, así me siento yo en relación a mis hijos. Con qué derecho Lanata me endilga que no soy la madre de esos dos hermosos bebés que cuidé desde su nacimiento, que los cuido con amor y dedicación, que los crío, que los llevo al Colegio todos los días y que estoy a su lado en cada paso que dan. ¿Con qué derecho me enrola como padre, si soy su madre y su padre es mi marido Pablo? ¿Con qué derecho contradice lo que siento ser y que avala el Estado de Derecho a través del documento de identidad que me expidió? Y con qué derecho Lanata puede contradecir la sencilla y potente palabra con que me llaman mis hijos “Mamá”.

¿Por qué? ¿Qué mal le hice? Por Dios.

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