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Se estrena "El Tigre Verón", con Julio Chávez como protagonista: "Es como un puntero aburguesado"

10 de julio de 2019

De cara al estreno de la serie donde le da vida a un sindicalista del gremio de la carne, el actor habló con detalles del encare artístico desde el que lo abordó.

"El Tigre Verón", la nueva serie coproducida por TNT y Pol-Ka protagonizada por Julio Chávez, estrena este miércoles 10 de julio a las 22:45 por El Trece.

La ficción contará la historia de un sindicalista del gremio de la carne que deberá enfrentar una situación inesperada que lo pondrá a prueba en un terreno que no domina.

En la previa, el actor habló con RatingCero.com sobre este nuevo desafío, los recursos que usó para construir el personaje, sus intenciones artísticas con esta serie, las diferencias y similitudes con El Puntero.

Además, se refirió a las posibilidades de hacer otra temporada de El Tigre Verón o hacer algo con Sebastián Ortega.

Después de haber hecho El Maestro, ¿cómo encarás este personaje tan distinto?

- Es otro baile (risas). Una ficción te hace preguntas, te pone en jaque frente a determinadas cuestiones. En cuanto al sindicalismo, los periodistas me han formado más que el propio sindicalismo, porque muchas cosas que se saben es lo que se publica en los medios. Cuando llegó ‘El Tigre’ me puse a leer y a perder el tiempo un poco. Uno elige los elementos que crees que vas a necesitar para hacer lo que tenés que hacer, pero después te das cuenta que te llenaste de elementos que no van a ser los que necesitás para el cuentito. Cuando llegan los capítulos 2, 3, 4 y empieza a aparecer el tema de la familia, la mujer, uno termina diciendo ‘¿qué importa ya que sea un sindicalista?’ Es el hombre queriendo hablar con su hijo, el hombre queriendo resolver problemas en el laburo, el hombre que despiertan a las 4 de la mañana, etcétera. Cada tanto aparece el decorado del sindicalismo.

Para las escenas en las que “no importa que sea un sindicalista” tu personaje, ¿a qué recurriste para resolverlas, en qué te inspiraste?

- En que es un hombre más o menos de mi edad. En que puedo comprender ciertas cuestiones de las que está hablando. Por ejemplo, si se le muere la madre, yo lo encuentro como una oportunidad para contar que este tipo es un nene. Dichos como ‘con mi vieja no te metés’, ‘mi vieja es sagrada’ entran en juego. Este sindicalista, cuando tenía 10 años miraba Luis Sandrini. Así se formó, con este tipo de modelos. Después, vos podrás decir lo que quieras y habría que ver qué modelos tenés vos. Además, hay que ver qué sindicalista es. Más allá de todo, es la historia de un ser humano. Uno cuenta el mundo que quiere y el espectador busca el mundo que quiere.

¿Cómo diferenciaste a este personaje del que hiciste en El Puntero?

- Primero confié en que la historia se va a ocupar de separarlo. No hice ningún trabajo de exceso de fuerza. Primero, pasaron 10 años, de manera que la papada misma me va a separar (risas). Me ocupé en no hacer ninguna fuerza negativa, hay una energía que como líder tienen los dos. Hay una gran diferencia: El Puntero vivía en la villa y El Tigre Verón vive en el sindicato. El Tigre Verón es como un puntero aburguesado, de alguna manera. Es un hombrecito que ya está en condiciones de irse a hibernar y de hambre no se va a cagar. Ya tiene el alimento necesario, hijos grandes, su lugar, su poder y parece ser que se va a jubilar. Ese es el cuentito. Aparentemente él va a usar el tiempo para el boxeo, los Torinos. Es un hombre que tiene su identidad muy relacionada a su labor, a lo que ha logrado. Entonces es difícil de soltar. Porque no es la situación de ‘dejo el banco porque estoy podrido’. Acá el banco ya es él. Es muy difícil para el Tigre imaginarse sin el poder, porque está constituido a base del poder, de todo tipo. Un poder que a su vez es el no poder, porque no puede soltarlo.

Trailer El Tigre Verón.mp4

¿Harías otra temporada de El Tigre Verón?

- Creo que sí. El cuentito da para más, no se agota. Es una suerte de saga que tiene los ingredientes de un western: el aparente malo que no es malo. Se intenta construir un pequeño caudillo, una suerte de hombre no domesticado muy argentino.

En el último tiempo hiciste muchos proyectos con Adrián Suar: ¿podríamos verte trabajar, por ejemplo, en Underground con Sebastián Ortega?

- Por supuesto. Cuando me han llamado no he podido. Pero no haría ningún movimiento para decir ‘che, busquemos otra cosa’. Va a venir, y si no viene, bueno…

¿Te sentarías con un grupo de dirigentes sindicales y preguntarías si se ven en la ficción?

- No lo haría de ninguna manera. No me lo imagino. Soy muy respetuoso. No estoy haciendo un programa para que ellos se vean. Eso lo hace el periodismo desde hace décadas, informándonos. Ellos ya están puestos en el tapete, con su presencia, con lo que dicen. No estoy haciendo una ficción para mostrarles qué piensa la gente de ellos. No hice El Puntero para hablar de los punteros. Cuando fui a la cárcel me dijeron que ven un programa sobre lo que pasa en la cárcel porque les gusta, pero ahí no pasa eso. Ellos cocinan, comparten recetas, etc. No es eso que cuentan. La ficción produce un divertimento y a nosotros nos gusta pensar que eso es así. Esta ficción está sostenida sobre elementos muy elementales, como que en el sindicalismo a veces hay tranzas. Es posible que haya tranzas en el sindicalismo como en todos los lugares. Obvio que tomé cosas de ellos para hacer la ficción. La ficción se sostiene en elementos de la realidad. Nuestra ficción es un cuentito construido a partir de algo. No es para informarse de lo que pasa. No va a haber lo que muchos crean que va a haber. Puede producir decepción en algunos. Nosotros estamos haciendo plenamente una ficción.

¿Hablaste con algún sindicalista?

- Sí. Fui a buscar un sindicalista de la carne del conurbano y tuve una reunión con él y su equipo y fue muy útil. Pero no porque hablé del sindicalismo, sino porque se me presentó un ser humano que es mucho más que un sindicalista. Fue extraordinario verlo sentado a cierta distancia de la mesa y que no se acerque, que le ceben un mate especial a él, que ofrezca facturas que él eligió especialmente en un plato seleccionado para la ocasión. No importa mi opinión sobre el sindicalismo. Me importa lo que el ser humano hace, las escenas de la humanidad. Nadie va a decir ‘¡El Tigre Verón, como nos abrió los ojos!’

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